Gente y Artes

Smiling to the wind: Mis aventuras con la serie X

Smiling to the wind: Mis aventuras con la serie X

sigo en el camino, en la senda del aprendizaje

No siempre todo se puede contar con palabras, pues hay acontecimientos que quedan en la retina y que en ocasiones se plasman en imágenes, fotos que reflejan la historia de un instante, de un tiempo, peripecias de vida que todos tenemos y a veces compartimos.

Hoy me gustaría compartir algunas de mis experiencias y aventuras fotográficas, en este caso a bordo de un gran barco. No uno cualquiera, sino uno que hace que su sola presencia te haga sentir que estás viajando en el tiempo, una imagen que te hace verte pequeño y a la vez sentir la grandeza de los tiempos, de la historia.

De todas las pertenencias que llevaba, las que tenían mayor valor para mí eran las fotos de mis seres queridos y mis cámaras, porque con ellas tuve la oportunidad de capturar durante seis meses gran parte de las historias que me rodearon: distintas vivencias y emociones, casi todas contadas con imágenes construyendo de esa forma lo que fue mi diario de a bordo.

Herramientas fiables y sobre todo ligeras, hechas para documentar y retratar. Recuerdo tener la oportunidad en mis días libres de pasear con mi bicicleta por las calles de grandes y pequeñas ciudades, como cuando recorría las calles de Philadelphia con mi X100T. No necesitaba más, una cámara con alma antigua, discreta y de resultados increíbles. En más de una ocasión me preguntaron si llevaba una cámara analógica, ya que su estilo retro me permitía colarme en cualquier callejón con la tranquilidad de saber que no llamaría la atención, pero con la seguridad de tener un equipo que me respondería para documentar aquello que me encontrara.

Mil proyectos personales surgieron, miles de fotos disparadas, fue todo un reto. Cuando tienes que estar trabajando en las maniobras de un barco del calibre del Galeón Andalucía y a la vez quieres fotografiar lo que ves, lo que sientes... estás tirando de un cabo, trabajando en equipo, ves la imagen que quieres capturar, pero no puedes dejar de hacer lo que estás haciendo. De esta forma, con una sola mano, coges tu cámara, ese instrumento que llevas colgado de la cintura y que ya es una extensión más de ti, una herramienta ligera que te permite reaccionar rápido, no se tiene tiempo de pensar demasiado, tan solo disparas y congelas ese instante, cada movimiento, cada gesto... es difícil expresar con palabras cada sentimiento.

Fue todo un reto. Tras seis meses embarcada aprendí, entre otras cosas muchas cosas, a trabajar más rápido, a estar más atenta de todo lo que sucedía a mi alrededor, a mantener los ojos y los sentidos alertas, a darme cuenta de lo esencial que es el conocimiento técnico sobre mi equipo. Y confiar en las herramientas de las que disponía me dio la oportunidad de tener instantes que nunca olvidare. Puertos como Portland o Portmouth, pequeños y con una encanto que enamoraban por sus habitantes y su hospitalidad; New London, con sus tradicionales cofradías de piratas; St. Agustine, una ciudad rebosante de historias y tradiciones para contar; hermosos amaneceres a bordo de un gran Galeón después de una noche de tormenta, en la que los rayos eléctricos iluminaban la cubierta; la entrada a ciudad de Nueva York por el Río Hudson subida en lo alto del palo de la mayor, cerca de 30 metros de altura; las maniobras de atraque -que no siempre eran fáciles-, a veces corría entre la proa y la popa del barco para fotografiar a los compañeros luchando con los amarres, tirando de los cabos, todos a una, como un equipo.

A veces veo las fotos y soy capaz de escuchar las olas chocando contra el casco, el roce de los cabos entre sí, el crujir de la madera, el susurro del viento... dormía en un pequeño espacio, llamado ‘Sollado’, donde estaban las estancias para que descansara la marinería, dos pasillos con literas a ambos lados y cada uno tenía su cama con un pequeño armario donde guardar las pertenencias.

Para mantener mi equipo seguro y aislado de la humedad tenía una pequeña maleta de mano, de las que puedes llevar en la cabina en los aviones, eso sí la llevaba acolchada con las esponjas que se usan para las insonorizaciones. Y ahí podía guardar todo mi equipo: dos cuerpos de la Fujifilm X-T1, una X100T, un Fujinon XF14mm f2.8R, XF18-135mm f3,5-5.6R, XF35mm f1.4 y varios flashes, junto a mi portátil. Todo lo que necesitaba. A pesar de que en ocasiones tuvimos mal tiempo y los movimientos del barco eran muy fuertes, el equipo siempre resistió. Una gran ventaja fue el sellado que tienen las cámaras y sus objetivos, preparados para trabajar en condiciones más extremas. Por ello, a pesar de que el salitre deteriora los aparatos electrónicos o que lloviera en muchas ocasiones, nunca deje de llevar alguna cámara conmigo.

Dependiendo de cada ocasión trabajaba con una, dos y hasta las tres cámaras, intercambiando objetivos que me permitían realizar mi trabajo de forma profesional con total autonomía y seguridad, siempre pude cubrir todos los eventos y situaciones: retratos, fiestas, paisajes, arquitectura...vida, siempre mucha vida.

A día de hoy he ampliado mi equipo fotográfico con una X-T2 y objetivos tan esenciales para mi trabajo como son el XF56mm f1.2, perfecto para mis retratos y sesiones de Boudoir, el XF23mm f1.4X R nunca falta en mi mochila a la hora de cubrir una boda o llevármelo para dar un paseo por la ciudad. El FX10-24mm f4 R, mi angular por excelencia, tampoco falta para cubrir una boda o llevarlo de viaje. Y en estos últimos meses, el Fujinon XF50-140mm F2.8 R LM OIS WR ha formado parte. Uno de esos objetivos que enamoran por su versatilidad, pues se ha vuelto imprescindible en mi fotografía de estudio y me da la posibilidad de cubrir cualquier evento.

Hace años que soy fotógrafa profesional, pero realmente sólo me considero una persona que intenta captar instantes, contar historias y trasmitir emociones a través de imágenes, fotografías que tengan la capacidad de congelar momentos, pero que a su vez nos transporten en el tiempo. Profesionalmente podría resumirlo en fechas, horas y proyectos, pero a pesar de que nuestra vida personal va unida directamente a nuestra vida laboral, a lo que más importancia le damos, o por lo menos a lo que deberíamos darle más valor, es a los momentos que nos han hecho sentir vivos. Por ello, mi experiencia en la vida está llena de libros, de capítulos, de párrafos, muchos de ellos con grandes cargas emocionales, tanto positivas como negativas, pero de todas he ha aprendido algo.

Posiblemente no todo lo que debería, pero sigo en el camino, en la senda del aprendizaje.

Mi pasión por la fotografía, por las personas, por perseguir sueños... hizo que pudiera vivir esta aventura y la suerte me ha dado la posibilidad de poder compartirla hoy. Son muchas cosas las que me empujaron a embarcarme en un proyecto como éste y son muchas las que me siguen impulsando a seguir evolucionando como persona y profesional. Aunque, como siempre, la principal siempre será vivir.

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