Gente y Artes

La India en 16mm y 35mm

La India en 16mm y 35mm

Te odio y te amo, por eso volveré otra vez a ti… Dhanyavad India, dhanyavad

Estas fueron las últimas palabras que con esfuerzo exhalé desde lo más profundo de mi corazón. Nunca pensé que dejar la India supondría una perpetua melancolía fotográfica y un anhelo incesante de querer volver a ella y desear redescubrirla otra vez.

La India es así, es como amar y odiar a la vez. Son sentimientos enfrentados, tan opuestos y tan magnéticos como el océano y la tierra, como el frío invernal y el calor sofocante de verano. A la India se la ama y se la odia, hasta que por fin, se logra asimilar la experiencia vivida; entonces, sus recuerdos te envuelven, se seducen, te conquistan, y finalmente aceptas amarla platónicamente, para siempre.

Recuerdo que, mientras me debatía entre el odio y el amor, estaba sentado con el hombro derecho apoyado sobre la minúscula ventanilla del avión. Aún observaba cómo la ciudad de Delhi se empequeñecía y los recuerdos se los llevaban las nubes a otro lugar del mundo. Así mi aventura llegó a su fin.

Sin embargo, y pese a la resignación por regresar al bucle de mi vida mundanal en España, aún persistía viva una llama esperanzadora en mí interior, que conseguía dibujar en mi rostro una última mueca de satisfacción. Esta llama de esperanza no era por la experiencia vivida o por la intensa aventura que supuso el viaje. Tampoco era por todo aquello que aprendí, o por esos lugares mágicos que visité. La satisfacción venía dada por todas aquellas personas extrañas que se cruzaron en mi viaje desde Agra a Varanasi, pasando por Jaisalmer hasta Jaipur, con las que charlé y conecté, a las que fotografié para la posteridad, a las que materialicé para la eternidad.

Esos desconocidos que fotografié fueron fruto de conversaciones esporádicas, como una abeja que recolecta el polen de flor en flor. En cada escena, en cada retrato y en cada mirada que fotografié, sentí que el tiempo se detuvo frente a mí, en un instante exacto, como si ese extraño postrado frente a mi objetivo quisiera comunicarme un mensaje secreto a través de gestos y miradas.

De esta manera me enamoré de los pequeños detalles, de los gestos sobre expresivos de los desconocidos, de aquellas posturas que no invitan a conversaciones, sino a pura comunicación y conexión visual.

La única manera de captar momentos mágicos es comprender el significado del mensaje visual y la importancia gesticular de los personas. Mi fotografía consiste en saber esperar, anticiparse al momento y acertar. Dominar este proceso conlleva saber detener el tiempo. Un instante preciso requiere de un acto humano, de un sobresfuerzo por profundizar en las personas.

De todos los objetivos que tengo, los que usé para llevar a cabo este proyecto son el Fuji XF16mm f1.4 WR R y el XF35mm f1.4 R, ambos montados en mi vieja Fuji X-T1 (ahora reemplazada por la X-T2). Pese a tener otras focales aptas para este proyecto, estas son, sin duda, aquellas que me dan la distancia perfecta para no agobiar a las personas que fotografío, sin permanecer demasiado alejado, pero sin romper la comunicación. De esta forma consigo dotar a las miradas y a los gestos de mayor intimidad y secretismo. El 35mm es la focal clásica del viajero. Es un objetivo pequeño, discreto, bonito y con una calidad de construcción y óptica extraordinarias. El 16mm me permite meter más información en la foto, y es perfecto para fotografiar en sitios pequeños como callejuelas o mercados. Ambas lentes seguirán viajando conmigo, en mis próximas aventuras, en busca de escenas de la vida diaria de extraños y de aromas de culturas lejanas.

Quizás, “robar las almas de otros” a través de la fotografía sea el único modo para dotar de significado el paso de nuestras vidas por este mundo, congelando los momentos, deteniendo el tiempo y por tanto, dando un motivo a nuestro paso por este mundo.

Este proyecto fotográfico es parte del proyecto continuista y atemporal que estoy creando llamado: “Escenas de la vida cotidiana”. Por tanto, no existe una fecha límite o un final próximo en el horizonte. “Escenas de la vida cotidiana” es un proyecto de fotografía documental en Marruecos, India, Nepal, Myanmar, Camboya, Laos y Tailandia. Este año 2018 seguiré enriqueciéndolo con mis próximos viajes a Jordania, Irán, y quizás, en la India una vez más.

Namasté.

 

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