Gente y Artes

“Good Morning Vietnam” por Rodrigo Roher

“Good Morning Vietnam” por Rodrigo Roher

“Good Morning Vietnam” es la crónica fotográfica del fotógrafo Rodrigo Roher por Vietnam, donde nos dará a conocer su rica gastronomía. Sus coloridos y embriagadores  paisajes y su ajetreada y frenética vida en las ciudades.

Tiene algo Vietnam que a todo viajero atrapa. Su rica gastronomía. Sus coloridos y embriagadores  paisajes. Sus amables habitantes, casi siempre con una sonrisa en la boca. Su ajetreada y frenética vida en las ciudades. La azarosa historia de un David que pudo con Goliath. Todo ello, y mucho más, la convierten en un destino inolvidable.

Y allí me planté hace apenas un mes. Sin apenas equipaje, pero siempre con mi bolsa fotográfica. Dispuesto a dejarme sorprender por un país del que me había informado muy poco debido a la improvisación del viaje. Un país del que vagamente conocía sólo su pasado bélico por el celuloide.  Durante dos semanas iba a dejarme llevar por lo que pudiera ofrecerme “el país del agua”.

Hice un recorrido de Norte a Sur, desde “La gran señora de Oriente” Hanoi,  hasta la vertiginosa Ho Chi Minh (Saigón), pasando por lugares tan increíblemente mágicos como la Bahía de Ha Long, la imperial Hue y la ciudad de la luz dorada, Hoi An.

No muy amablemente me recibió una tremenda tormenta a la llegada a Hanoi y auguraba malos presagios para el resto del viaje. Por propia experiencia, sé que mi Fuji X-Pro2 y el Fujinon XF35f2WR aguantan perfectamente este tipo de condiciones gracias a su cuerpo sellado. Pero estos malos augurios no se cumplieron y el buen tiempo fue una constante en el resto del viaje… eso si, acompañado por un asfixiante calor y una humedad que, para los que procedemos de “secano”,  es difícilmente llevadera.

Cuando llego a un lugar nuevo intento aclimatarme en todos los sentidos, también mi “ojo fotográfico”. No dejarme imbuir por la exuberancia de estímulos nuevos es una tarea complicada, pero necesaria si quiero hacer mi fotografía, sin importar el lugar donde esté. Por eso los primeros días no suelo disparar demasiado y me convierto más en un mero observador y viajero.

Desde hace un tiempo viajo siempre con el mismo equipo. En mi discreta bolsa me acompañan dos cuerpos, la pequeña Fujifilm X70 y la X-Pro2 (antes la X-T1) con el Fujinon XF35f2WR.

Llevo dos cuerpos, primero por seguridad: Si uno fallara, siempre cuento con la posibilidad de seguir fotografiando. Segundo, porque no tengo que pensar en cambiar de ópticas y evito posibles riesgos para el sensor en determinados lugares críticos.  Así, con los 18,5mm de la X-70 y su portabilidad, abarco gran parte de mis fotografías mientras que, por otro lado, con la Fujifilm X-Pro2 y el Fujinon XF35mmf2WR, ambos sellados, viajo seguro y sé que la cámara no sufrirá ningún daño en según qué situaciones. Son dos ópticas clásicas para la fotografía de calle y de viajes. El 18,5mm y el 35mm (o si preferimos en su paso a formato completo, un 28mm y un 50mm) son las distancias focales con las que mejor me manejo. Cambiar de una a otra se vuelve mecánico y saber perfectamente las posibilidades de mi equipo es fundamental.

Después de dos noches, dejé atrás la Capital de Vietnam y sus más de mil años de historia para dirigirme a la Bahía de Halong, un conjunto de más de 2000 islotes de roca kárstica que se reparten a lo largo de 120 kilómetros de una belleza inigualable. Desde luego, yo no soy un fotógrafo de paisajes y me encontré un tanto desubicado fotográficamente hablando ante tal majestuosidad de la naturaleza. De Halong Bay, tras más de 9 horas de autobús nocturno, llegué a la Imperial Hue. Una ciudad situada en el centro de Vietnam que fue durante siglos hogar de emperadores y capital del Imperio. Es aquí donde empecé a captar alguna de las mejores imágenes que pude traerme del viaje. Indudablemente me muevo mejor en las ciudades o pueblos que en los paisajes.

Si una ciudad destaco para la fotografía de viajes y de calle en Vietnam de las que visité fue mi siguiente destino: Hoi An. Hoi An tiene un sabor antiguo y tradicional. Las influencias Chinas, Japonesas y Francesas son evidentes en todo el Casco Antiguo de la ciudad que se conserva perfectamente y que le ha valido el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad. Fue un importante puerto pesquero durante los siglos XVI al XVIII y por suerte, sobrevivió a los ataques bélicos en contra de la vecina Hue.

Cuando no voy solo, me convierto en un auténtico “cazador” de imágenes. Intento captar lo que me va sucediendo en el hecho propio de viajar. Intento que mi afición por la fotografía interfiera lo menos posible en los que viajan conmigo y al tiempo intento vivir la experiencia al máximo. Inevitablemente, si el viaje no es exclusivamente fotográfico, vas dejando localizaciones en el camino o momentos que no has podido captar, pero a buen seguro que traeré otros.  Por ello, busco un equipo pequeño, con el que poder ir todo el día. Rápido y listo para esas situaciones, que si por algo se caracterizan es por lo efímero de las mismas. En este sentido, la Fujifilm X70 va siempre en mi muñeca, como un apéndice más de mi propia mano. Cuando preveo que la situación lo va a merecer, las condiciones climatológicas no son buenas, la noche se echa encima  (en esta ocasión utilicé por primera vez una sensibilidad de 6400 ISO para tomas nocturnas con resultados más que satisfactorios) o necesito algo más de “tele” es cuando la X-Pro2 y el XF35mmf2 entran en acción. 

Tras un breve vuelo me esperaba el último destino dentro de Vietnam, Ho Chi Minh City. La antigua Saigon se me presenta mucho menos amable que la pequeña Hoi An. Es la ciudad con más motos del mundo y eso la hace muy peligrosa a la hora de captar determinadas fotografías. Las motos son las verdaderas dueñas de la ciudad y campan a sus anchas por asfalto y aceras. Pero también tiene mucho que ver, como su propia Catedral de Notre Dame, la oficina Central de Correos, el Mercado de Ben Thanh, los cercanos Túneles de Cu chi o el Museo de la Guerra de Vietnam.

En Saigon termina mi periplo Vietnamita. Un viaje que no fue muy fructífero a nivel fotográfico. Un destino que hará las delicias del fotógrafo de paisajes, quizás no tanto del fotógrafo callejero. En mi cabeza ya resuena el eco de próximos destinos. Munich y Roma me esperan.