Gente y Artes

El Sur profundo de Estados Unidos con una X-Pro2 . Por Max Álvarez

El Sur profundo de Estados Unidos con una X-Pro2 . Por Max Álvarez

Me traigo recuerdos de Sam, fabricante de bastones al que encontré en una carretera, y al que acerqué hasta su casa

Me gusta viajar y presumo, probablemente de forma errónea, de ser un viajero astuto. Nunca llevo mi mochila cargada más allá de su mitad: cualquier gramo de más se convierte en un kilo extra según van cayendo los días y se suman los kilómetros. No importa el lugar del mundo en el que te encuentres: siempre encontrarás donde comprar pasta de dientes, jabón para lavar la ropa y cualquier otro básico que necesites.

Mi equipo también es ligero: tengo una Fuji XE-2 que ya va por su tercera vuelta al mundo y, gracias a las actualizaciones de firmware, funciona mucho mejor que el primer día. Pero en la XE-2 echaba de menos algunas opciones. Me faltaba la velocidad al cambiar el punto de enfoque, el cambio del ISO en un abrir y cerrar de ojos… esos detalles que mi antigua réflex era capaz de proporcionarme.

En estas apareció la X-Pro2 y me lancé a buscarla. La tomé prestada de mi tienda de fotos habitual por unas horas y no necesité más: en mes y medio me encontraba recorriendo alguno de los estados que conforman el tradicionalmente conocido como el "Sur Profundo" de Estados Unidos.

Aterricé en la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte, y armado únicamente con la X-Pro2 y el objetivo 23mm me dirigí hacia Columbia, la capital de Carolina del Sur. Bueno, os he contado una pequeña mentira: no solo viajaba con la X-Pro2, mi fiel X-E2 con el objetivo 27mm siempre me acompaña. A partir de ahí se fueron sucediendo lugares tan conocidos y nombrados como la carretera de Montgomery a Selma, Atlanta, Cherokee, Asheville o la pequeña población de Bryson City en las Montañas Humeantes (Smokey Mountains).

Mi recomendación sería que si podéis intentad evitar viajar durante el mes de agosto o los meses de vacaciones por esta zona, a no ser que como en mi caso, no tengas otra opción. El calor es agobiante; la frondosidad de estos estados regados por inmensos ríos y el alto nivel de humedad al que se llega por su proximidad al Golfo de México, hacen que estés deseando continuamente regresar al coche y poner de inmediato el aire acondicionado en marcha. Es realmente horroroso.

Pero regresar al coche no tiene por qué ser algo negativo. Al contrario: descubres que lo interesante de un viaje no es necesariamente el destino. Es el viaje en sí lo que realmente te llena y te satisface.

¿Ver Graceland en Memphis? No es mi Meca, gracias. Y descubrir que tanto Memphis como Nashville son una especie de Benidorm plagado de bares de conciertos con músicos increíbles, pero llenos de veinteañeros borrachos nivel Palmanova o El Arenal en Mallorca, es realmente una decepción. Aunque esta decepción se ve recompensada por lo que te has ido encontrando a lo largo del camino: una serie de pequeñas perlas fotográficas y humanas que hasta tu regreso a casa vas pensando con cierto pesar que no te van a dar ni para fabricar un llavero, pero una vez han reposado unos cuantos días, te das cuenta de que te has traído las suficientes como para hacer un hermoso collar de perlas que te recordará lo vivido en ese viaje, aunque sea solo para ti.

Me traigo recuerdos de Sam, fabricante de bastones al que encontré en una carretera, y al que acerqué hasta su casa, para descubrir que acababa de lavar y tender las banderas que según él, “representan los valores del pueblo sureño”. Los “muchachos” de la Asociación Nacional del Rifle, que me enseñaron a utilizar un arma mientras mientras no cesaban de hablarme sobre como las armas “eran buenas”, que el problema era cuando las usaban “los malos”, y de como era su derecho constitucional llevar armas para poder defenderse de los malos, todo esto mientras me invitaban a comer un sabrosísimo pollo cocinado al estilo de Alabama. Ecos del “America First” coreado una y otra vez por los votantes de Trump en plena campaña electoral, desde sus casas cayéndose a pedazos, podridas y recocidas bajo el sol y la humedad, centenares de enfermos mentales expulsados a las calles de Atlanta tras cerrar su hospital debido a una oscura operación inmobiliaria.

En fin… espero que las disfrutéis y, aunque no es necesario que sean lugares tan remotos como el profundo sur norteamericano, os animo a que intentéis dejaros perder por pistas de tierra y carreteras secundarias mal asfaltadas cualquier fin de semana por vuestra región. Y hablad con la gente, preguntad sin miedo, seguro que os llevareis grandes y gratas sorpresas.